miércoles, 22 de agosto de 2012

Testimonio

TESTIMONIO DE UNA ADOLESCENTE....

           "Mi nombre es Yessy, tengo 19 años y tuve depresión. Quise ser la heroína del mundo tratando de buscarle solución a todo, quise entregarles felicidad a todos, pero no pude.

No tenia una buena situación económica, esto se agravaba por una deuda con el banco que tenia mi papá, lo que hacia que su sueldo no alcanzara lo que provocó desesperación en mi familia, gatillando peleas y discusiones. Mis papás se sumergieron tanto en ello que se olvidaron de lo mas importante….La familia.

Mi hermano mayor tenia 19 años, todo esto lo superó e intentó olvidar con fiestas y alcohol lo que terminó por alejarlo de nuestras vidas. Mi segunda hermana tenia 18 años y le tocó  consolar a mi mamá y escuchar los arrepentimientos de mi papá, obligándola a tomar responsabilidades en la casa que no le correspondían. Y yo, con 10  años, viendo como mi familia se caía a pedazos, consiente de cada pelea, de cada necesidad y de cada preocupación que surgía y yo no podía hacer nada.  Guardé toda mi frustración, jamás hablé con mis papás sobre este tema, tampoco fue necesario porque según ellos yo, no entendía nada.

Y así pasaron los años hasta mis quince,  entré a la enseñanza media y ese también fue un cambio brusco.  Había tantas cosas a mí alrededor, droga, alcohol, embarazos, rebeldía. Comencé a desarrollar la habilidad de escuchar a los demás,  Así que era buena consejera. Quise hacer entender que la droga no es la mejor forma de olvidar, que el embarazo no es una forma de escapar de la casa, que a gritos y  desprecios padres e hijos no se entienden. Ayudé a muchos, pero la gran pregunta era, ¿Quién me ayudaba a mí? Yo era una esponja que absorbía todo, me iba a mi casa con las penas de los demás, angustiada, y sola. Me encerraba mucho en mi pieza y podía estar horas así y nadie se preocupaba por mí. Pensaba en como ayudar a mi familia, en dejar de estudiar para trabajar y apoyarlos, pensaba en como ayudar a mis amigos y cuando me daba cuenta de que no encontraba la solución, me sentía tan inútil, sentía que era inservible. Empecé a castigarme, rasguñando mi cuerpo, cortando mis brazos. Y así estuve mucho tiempo, y nadie supo. Seguí entregando fuerzas a los demás, aunque ya no la tenía, seguí aparentando felicidad aunque en realidad no la sentía.

….Hasta que ya no aguanté más. Quería desaparecer, quería descansar. La decisión estaba tomada cuando mi mamá entró en mi pieza de repente. Lo único que recuerdo de aquel día es a mi mamá limpiando la sangre en mi brazo y mi papá gritando enojado que yo quería llamar la atención. De la siguiente semana solo tengo algunas pocas imágenes e mi mente hasta que mi mamá me llevó al consultorio. No tenía muchas ganas de ir ya que pensaba que solo me iban a dar pastillas, me escucharían un rato y al día siguiente se les olvidaría todo lo que les había contado y tendría que repetir la historia una y otra vez. Pero, no fue así.   Primero me ayudaron a entender que si yo dejaba de estudiar no podría ayudar a mi familia, la única forma de hacerlo es ser alguien en la vida llegar a ser una profesional, con estudios superiores y  así tendré un buen sueldo y podré salir adelante y apoyar a mi familia. Luego me ayudaron a entender que  el solo hecho de dar alegría, de entregar un consuelo estaba cumpliendo con mi rol de amiga. Entendí que no soy una heroína y que no tengo súper poderes, pero a veces una palabra, una mirada o un simple abrazo es suficiente para alegrar y hasta cambiar una vida.

Estas dos soluciones estaban en mí, siempre estuvieron en mí, y gracias a las doctoras las pude descubrir. Además, descubrí talentos que no conocía, empecé a escribir historias de adolescentes, con el fin de dar a conocer cuales son los problemas que nos afectan, nuestras dudas, nuestras preocupaciones, con el fin de hacerles ver a los adultos que nosotros también nos cansamos, que necesitamos ser escuchados, que nuestros problemas también son importantes.

Dejé de hacerme daño porque entendí que  al dañarme, estaba dañando también a la gente que amo. Mi relación con mi familia mejoró, y aunque los problemas son parte de la vida, nos seguimos manteniendo en pie, juntos.

        Si bien es cierto, aún quedan cosas por resolver, pero gracias al programa aprendí como enfrentarlas.

Hoy, después de 4 años desde que entré al programa, les puedo decir que Salí adelante. Me gradué de cuarto medio como una de las mejores, hice mi práctica y actualmente trabajo en un servicio publico ayudando a la gente a mejorar su calidad de vida, a través de capacitaciones. El próximo año entraré a la universidad y estudiaré administración pública y todo esto gracias a la perseverancia.

Sé que es difícil, que es una edad complicada, en la que sólo queremos vivir el presente, pero les invito a sentarse un momento y reflexionar en que en nuestra adolescencia se define nuestro futuro. Enciendan en sus corazones ese deseo de querer salir adelante, de querer ser alguien en la vida, de que hay algo más que solo fiestas, pololos, pololas o que sólo pasarlo bien, existe un futuro, del cual dependerás tu y también los que estén a tu alrededor.
Si te sientes mal, si tienes algún problema no dudes en buscar ayuda. No dejarás de ser el más bacán o la más mina por reconocer algún problema, o por sentarte y hablar con tus papás sobre lo que te pasa.

También quisiera darles un mensaje a los papás. Recuerden que ustedes también fueron adolescentes, también se confundieron, también desearon libertad y comprensión. Compartan con sus hijos escúchenlos, aconséjenlos y lo mas importante entiendan que no por el hecho de ser niños no sufren por los problemas. La única forma de salir adelante es estar unidos como familia y mientras haya amor, lo demás no importa.

Por último quiero agradecer a este equipo tan maravilloso, a las cuales Dios les dio gracia para impulsar este proyecto que hoy ha ayudado a más de 500 jóvenes, dejándolo todo por su pasión que es ayudar. Gracias a ellas fui consiguiendo mis metas de a poco, porque siempre estuvieron ahí, alentándome a seguir.

Mi testimonio es el resultado del Programa de Salud Integral del Adolescente. ¿Cuántos testimonios hay? ¿Cuantos resultados hay? Y todos gracias al programa."

Uso correcto del condón o preservativo


CONSIDERACIONES PARA EL USO Y  COLOCACIÓN DEL CONDON

1.- Asegúrate de comprar condones de marca conocida en farmacias establecidas.

2.- Verifica que el envase no tenga filtraciones de lubricante

3.- Cuando vayas a abrir el envase no lo hagas con las uñas ni con los dientes porque puedes romper el preservativo. Debes abrirlo con la yema de los dedos.

4.- Una vez abierto, tómale el olor (debe tener olor a plástico o látex). No debe tener ningún otro tipo de olor desagradable. De ser así, eliminar y abrir otro envase.

5.- La colocación del condón se realiza antes de la penetración y con el pene erecto.

6.- Debes verificar hacia qué sentido se desenrolla en preservativo. La idea es que se coloque por el lado  que permita el fácil deslizamiento del condón hacia la base del pene.

7.- Debes presionar la punta del condón para que quede un receptáculo que reciba el semen tras la eyaculación. Además no deben quedar con burbujas de aire entre la piel del pene y el látex, ya que puede romperse durante la relación sexual.

8.- Una vez concretado el acto sexual y tras la eyaculación, el pene debe retirarse erecto desde la vagina de la mujer y retirar el preservativo fuera de ella.

9.- El condón no se reutiliza. Cada relación sexual necesita un nuevo condón.

10.- El condón no debe lubricarse con vaselina, ni cremas, ni ningún tipo de aceite. Sólo puede lubricarse con lubricantes a base de agua.

11.- Los envases de condones no deben estar expuestos al calor ambiental. Por lo tanto, tampoco deben guardarse cerca del cuerpo, no guardarlos en bolsillos del pantalón por ej. Deben guardarse en lugares frescos y secos. (Mochila, bolsos, carteras, etc.).

12.- Importantísimo verificar la fecha de caducación o vencimiento de los condones.

13.- En el consultorio están disponibles para adolescentes preservativos extra –resistentes gratuitos.